(Estol)
(suena la orquesta de tango)Yo estaba vulnerable
porque había descubierto
que las canciones
no salvan los planetas.
Vos estiraste el cuello
de cisne,
de origami...
y me negaste tu
cuaderno de misterios.
Tenías una casa
y un perro dinamita
y por las noches hablabas entre sueños.
La vida era más fácil
en nuestra edad de piedra,
podíamos nadar los lagos de silencio.
Nada más llegar...
algo traicionaba tu coartada,
dijiste que pasabas por acá.
Algo me avisó que me escapara,
pero
me tenía
que quedar
al calor de una radio valvular.
(sigue la orquesta de tango)Cuando el reloj marcaba demasiado tarde el punto,
me claudicaste tu espada lapicera.
Las hojas del cuaderno
están todas en blanco;
había sido yo el autor de tu misterio.
La
primera
vez...
algo me asustó de tu mirada,
tus ojos me sabían a escuchar,
me invitaste a ver la madrugada,
pero me tenía que quedar,
al calor de una radio valvular.
Nada más llegar... algo traicionaba tu coartada,
dijiste que sabías cocinar.
Algo me avisó que me escapara,
pero me tenía que quedar.
La primera vez... algo me asustó de tu mirada,
tus ojos me sabían escuchar.
Me invitaste a ver la madrugada,
pero me tenía que quedar
al calor
de una radio
valvular.
(silencio)